viernes, 10 de junio de 2016

Subiendo el volcán Villarica



Vino de visita una amiga de Estados Unidos, Ping, y decidimos ir a Pucón por un par de días para hacer algunas actividades al aire libre. 

Llegamos a la ciudad y lo primero que buscamos fue un lugar para alojar. A pesar de ser temporada baja (mediados de Marzo), habían muchos lugares que estaban llenos. Terminamos alojando en un hostal llamado La Tetera, $36.000 la noche para dos personas en una pieza con baño privado y desayuno incluido. En temporada alta cuesta un 50% más. El personal del hostal era extremadamente amable y con muy buena disposición para ayudar. Además de ofrecer pantuflas para los huéspedes y té como autoservicio en cualquier momento. Ellos nos ayudaron a buscar un tour que nos pudiese llevar al volcán Villarica, algo que no era tan fácil al ser temporada baja. Nos recomendaron: Politur.  

Contratamos un salida al volcán con Politur, a un valor de $90.000 por persona. Nos probamos el equipo que tendríamos que usar y lo dejamos todo listo para salir a las 6:30am. Chaqueta, pantalones, bototos, grampones, polainas, guantes, casco, mochila, máscara para gases y un par de cosas más. Salimos a comprar comida para el día y nos fuimos a acostar para alcanzar a dormir unas horas. El hostal, muy buena onda, nos ofreció dejar preparado un desayuno express para poder comer algo antes de salir en vista que ellos sirven el desayuno entre las 8 y las 11am.

Partimos temprano con nuestro guía Ricardo. Tuvimos suerte y solo éramos nosotras dos y el guía para la excursión de hoy. Nos fuimos en camioneta hasta el primer punto de partida del volcán, así avanzamos casi la mitad de lo que tendríamos que subir. Luego teníamos la opción de subir otro tramo por una tele silla pagando $10.000 adicionales por persona o subir a pie. Con la silla se subiría un tercio de lo que nos quedaba por subir. El guía nos recomendó que lo tomáramos para tener más posibilidades de llegar a la cumbre y eso hicimos. Mientras íbamos por la silla veíamos abajo otros que iban caminando, así como también algunos que se devolvían. Al parecer fue una buena decisión.


Comenzamos a subir y realizamos paradas cada 30 a 20 minutos para tomar agua y descansar un poco. Al principio fue por tierra y roca volcánica, luego subimos por nieve (donde colocamos los grampones) y en el último tramo tuvimos roca volcánica nuevamente. 

Nos comentaba el guía que ahora hay una normativa muy estricta para subir el volcán en vista que es un volcán activo. Cada empresa de turismo tiene permiso de subir un máximo de 12 pasajeros, todos con equipo completo, y llegando a la cumbre, solo los guías pueden seguir con sus mochilas, mientras que los pasajeros deben dejarlas y solo llegar con su cámara y máscara de gas. Una vez en el cráter, solo está autorizado quedarse 5 minutos para tomar una foto y luego hay que bajar para que no se junte demasiada gente arriba y se vuelva peligroso.


En la cumbre pudimos ver mucho humo emanando del crater, y en ocasiones se pueden ver explosiones de lava, aunque no fue nuestro caso. Lo más impresionante fue que al ponerse de lado, en lugar de estar mirando el crater, se logra escuchar la lava y suena casi igual que el oleaje del mar. Fue increíble.

Luego de bajar del cráter comimos un sandwich y nos pusimos todo el equipo para el frío y la nieve. Bajar fue la mejor parte ya que haríamos la mitad del descenso deslizándonos por la nieve. Fue genial. Cerca de las 15hrs ya estábamos de regreso en la agencia para devolver las cosas y cambiarnos de ropa. Fue lo mejor volver a caminar en mis propias zapatillas. Antes de irnos, nos dieron algo de tomar y un diploma de honor por haber llegado a la cumbre del volcán. Misión cumplida!


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