jueves, 12 de abril de 2018

Isla de Pascua - día 1


¡Iorana Korua! ¡Hola a todos!

 Este viaje surgió de una compra impulsiva por un descuento de la aerolínea y la motivación de una gran amiga. No estaba en mi lista de lugares a visitar aún, pero el universo logra cosas maravillosas.

La Isla de Pascua o Rapa Nui (en idioma Rapa Nui) es una isla ubicada al oeste sudamérica, pertenece a la región de Valparaiso, la región que a su vez está contigua a la región metropolitana donde está Santiago, la capital de Chile.

Esta Isla se caracteriza por ser mágica, separada de la vida continental por 3.700 kilómetros, transmite una vibra que deja todo estrés y preocupación lejos. El ambiente, la gente y la poca señal de celular y acceso a internet ayudan para desconectarse y tener un buen descanso.




La experiencia comienza con la llegada al aeropuerto Mataveri: aterrizas en una pista que prácticamente acaba en el mar. Empiezas a bajar del avión y sientes una gran brisa y una frescura que no te esperabas. No te dan mucho tiempo para que tomes fotos bajando del avión, pero no importa, luego te das cuenta que habrán paisajes mucho más bonitos que ese.
Los funcionarios del aeropuerto te apuran para que salgas de la pista y comiences con el ingreso a la isla. Tienes dos alternativas en ese momento: hacer la cola para comprar la entrada al parque ($20.000) o ir a buscar tus maletas. Las maletas igual demoran un poco en salir y la cola para comprar la entrada es bien rápida. Necesitarás la entrada quieras o no si estás visitando la isla de manera turística porque de otra manera no podrás ir a ver los Moais. Nosotras hicimos la cola para comprar la entrada y aprovechamos el tiempo de espera de las maletas, pero si no tienes ganas puedes comprar la entrada en la ciudad en otro momento.




Recogimos nuestros bolsos y salimos del aeropuerto. Ahí nos estaban esperando con un collar de flores y la van que nos llevaría a las cabañas que reservamos para toda nuestra estadía: Cabañas Tuava. Una habitación con aire acondicionado, una cocinilla, un mini refrigerador. Mejor ubicación no podíamos tener, estábamos a pocos minutos caminando de lo que quisiéramos. El frontis de la cabaña nos sorprendió gratamente, parecía una selva. Grandes plantas tropicales y muy verde todo. Daba gusto volver a la cabaña.

Nos habían advertido que la isla era muy cara, sobretodo en la comida, y por eso cada una llevó una maleta pequeña con comida. Suficiente para prepararnos desayuno, cocinarnos en la noche y alimentar un ejército. Extiendo la recomendación a futuros visitantes, los precios son efectivamente más elevados y el vuelo permite llevar más cosas de las que uno necesita en la isla. Así que si quieren ahorrar un poco no es mala idea que lo hagan, aunque tengan presente que eso no ayuda a la economía de la isla y ojalá puedan llevarse la basura de vuelta.


Nos quedaba medio día para recorrer y empezamos por la caleta. Descubrimos que tienen un centro multi deportivo con una cancha sintética al lado del mar. ¡Qué envidia jugar ahí!
Frente a la cancha y justo antes del mar hay un bandejón con pasto y vimos al primer Moai de nuestro paseo. Nos enteramos luego que ese Moai no es original, pero al final da lo mismo, se ven iguales y si los originales están ultra restaurados qué importancia tiene que este no sea original.
La caleta tiene un par de restaurantes y algunos centros de buceo y snorkeling.  Tiene un café que vende muy ricos helados artesanales, se los recomiendo.
Mientras estábamos ahí justo subieron un gran pescado, debe haber medido cerca de 3 metros por lo menos. Ante mi ojo inexperto se veía como un pez espada, corríjanme si no lo es. Lo tenían colgando de la cola y lo estaban empezando a limpiar. Qué animal más majestuoso, una pena que lo pescaran. Según una pequeña investigación que hice, el pez espada y el atún han disminuido mucho en la isla tanto por la pesca como por el calentamiento global que ha afectado las zonas donde habitan estas especies.


La caleta no es muy grande, así que a menos que te sientes a comer algo la recorres en pocos minutos. El evento del pez espada fue lo único que nos mantuvo ahí más tiempo del planeado. Luego teníamos dos opciones, ir hacia la derecha o hacia la izquierda de la costanera. Comenzamos hacia la izquierda (mirando hacia el mar). A pocos pasos del Moai falso había una pequeña playita, y cuando digo pequeña es porque era realmente pequeña. Debe haber tenido cerca de 5 autos de largo y muy angosta. Es la única playita que hay en este lado de la isla. Ahí nos quedamos viendo a un par de personas que se estaban bañando. Nosotras no nos metimos al agua porque no hacía mucho calor, de hecho el viento estaba un poco fresco. Mientras disfrutábamos en nuestro lugar fuera del agua pudimos divisar una tortuga. Ese fue otro de los grandes momentos del día.  Pasado esta playita había un par de restaurantes más y la entrada a unos hoteles, así que emprendimos camino hacia el otro lado de la caleta.


Nos encontramos con más restaurantes, una espacio en la costa con pasto, más moais no originales y máquinas para hacer ejercicio (tal cual como hay en las plazas públicas del continente) y un poco más allá llegamos al cementerio de la isla. Como en toda cultura, este cementerio transmitía algo propio de la isla. Era abierto, era verde, tenía esculturas de madera, flores tropicales, colores y era artesanal. A diferencia de los cementerios católicos o judíos del continente (o menciono otros porque no los he visitado), muchas de las lápidas, arreglos y tumbas se notaban que habían sido construidas por los seres queridos del difundo, no mandadas a hacer con un profesional. Eso transmitía mucho cariño y mucha cercanía, además que se veían muy bonitos.


Terminamos con el cementerio y seguimos nuestra caminata. Nos encontramos con caballos sueltos que andaban circulando libremente y también con algunos perros callejeros. Este último tema es importante en la isla ya que tienen un alto número de perros en comparación a sus habitantes. Por esto mismo han tratado de implementar programas de esterilización y de tenencia responsable para que no se transforme en un problema que no puedan contener a futuro y terminen siendo una plaga.

Caminamos por entre las casa para disfrutar la paz, observar las casas y las calles. Vimos un par de grandes esculturas de madera, algo que cada vez es más raro en la isla debido a la fuerte deforestación que ha sufrido.

Fue una linda manera de empezar nuestro paseo. Ahora a volver a la cabaña, cocinarnos y dormir porque mañana nos espera un gran día.

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