martes, 22 de marzo de 2016

Tour a los túneles de Isabela - día 7


Contratamos un tour por 70usd por persona para llevarnos a los famosos “túneles” y hacer snorkel en el área. Salimos a las 8:30am, nos pusimos nuestros trajes de agua y partimos.




Los túneles no quedaban muy cerca de la isla principal, la lancha nos llevó primero a un primer sector para ver a los “baby boobies”, piqueros de patas azules de solo un par de semanas. Cuando nacen sus patas son grises y su pelaje visualmente muy suave y blanco como un oso polar, a medida que van creciendo van cambiando el tono de las patas y cambian las plumas por unas más gruesas y firmes que les permitan volar. Es casi un año entero que los pequeños dependen de sus padres para sobrevivir, ya que no cuentan con un plumaje decente para volar y poder buscar su propia comida.




Realizamos dos sesiones de snorkel, no se cuál fue más impresionante que la otra. Nadábamos en el sector de los túneles que es formado por piedra volcánica y produce estos pequeños túneles bajo el agua. 

En esta oportunidad logramos ver muchos tiburones y una manta raya completamente diferente a la raya águila que habíamos visto en nuestro último buceo. Ésta era una manta raya casi blanca, con una cola mucho más corta y se movía bajo el agua al producir un movimiento de olas con el borde de su cuerpo en lugar de “aletear” como un pájaro como hacía la otra. Ésta pasaba muy desapercibida cuando se posaba en la arena y si el fondo no fuera tan profundo sería muy fácil pisarla.



En la segunda sesión hicimos snorkel cerca de un manglar, teníamos árboles muy cerca a nosotros y el agua no era muy profunda. Aquí nos dijeron que era posible encontrar caballos de mar y así fue. Luego de mucho, mucho, mucho buscar logramos encontrar un pequeño y solitario caballo de mar con la cola enroscada en una raíz de un árbol cercano. Con el movimiento del agua a ratos se soltaba de la raíz donde estaba sujeto y flotaba hasta la siguiente ramita o raíz con la que topaba. No se movía mucho, pero de todas formas fue emocionante verlo en su habitat natural.


La guinda de la torta fue nadar con dos grandes tortugas marinas a centímetros de nosotros. Por más tortugas que haya visto en este viaje, no dejaban de impresionarme. Admiro la facilidad con la que nadan y el poco esfuerzo aparente que requieren para moverse a la gran velocidad con la que lo hacen. Fue increíble. Siempre teniendo en cuanta de mantener cierta distancia con ellas y respetar su espacio y ambiente, logramos nadar con ellas un buen rato y tomar unas fotos increíbles.


Al regresar al puerto nos quedamos cerca del muelle haciendo un poco de snorkel. Para nuestra sorpresa nos topamos con una manta raya encubierta, una muy similar (si no de la misma especie) de  la que vimos en los túneles. Así como también un pingüino juguetón que nadó frente a neutra cámara un par de veces y un par de lobos de mar que se estaban refrescando. 

Fue un día increíble y la sonrisa no me la quitaba nadie.


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