miércoles, 6 de abril de 2016

La Habana - día 3


Hoy no partimos tan temprano como ayer, el calor nos agota. Iniciamos nuestro día con otro excelente desayuno de Sunamy: jugo de guayaba, ensalada de frutas, tortilla de huevos, pan, ensalada y un café.

Nos tomamos un colectivo, un auto del 82, que nos dejó en la plaza central para iniciar nuestra ruta de museos. En el taxi conocimos a dos mujeres, dos hermanas, Elsa e Ines, una vive en New Jersey y la otra acá. Muy buena onda nos estuvieron ayudando con indicaciones e incluso nos invitaron a su casa, pero no pasamos.

La universidad de La Habana
Entramos al museo del arte. 5 cuc la entrada por edificio, con aire acondicionado y no dejan tomar fotos. Hay dos edificios, pero uno estaba cerrado, el de arte internacional por suerte. El recorrido empieza en el tercer piso con una exposición temporal de Tomás Sanchez, realista. Nos encantaron sus pinturas. Todas tenían una mezcla de basura y naturaleza o una de esas cosas por si solas. Realmente parecían fotos, buenísimas pinturas.
Las otras pinturas del museo también también te dejaban con la boca abierta, pero Tomás Sanchez en particular dejó grabado su arte en mi cabeza.

Seguimos luego al museo de la revolución,  8cuc la entrada, sin aire acondicionado. Este museo no nos gustó, muy aburrido, muchas fotos, mucho texto y pocos objetos. Concluimos que el museo entero podría estar en un libro y podría ser incluso más entretenido porque seguiría un orden cronológico, pero aquí era cualquier cosa. Si pueden entender mucho de la historia, pero hay mejores maneras de aprenderla.


Comimos en Sloppy Joe's Bar, un restaurant americano cubano, muy bueno. Un local restaurado como solía funcionar en los años 20. Nos pedimos diferentes platos:  Yo me pedí un sandwich de boloñesa, y era tal cual, salsa boloñesa acompañado por un pan y papas fritas.
Jesus se pidió una hamburguesa gigante, tenía doble carne, casi no se la podía meter a la boca. Por 7cuc estaba más que excelente, no esperábamos tanto.


Cementerio San Cristobal
Teníamos intensiones de ir a la playa Mar Azul, pero se nos hizo muy tarde. A cambio tomamos el tour hop-on hop-off. 5 cuc la entrada y la ruta entera duraba 1:45hrs. Nos subimos al último bus sabiendo que no podríamos bajarnos en ninguna de las paradas ya que no vendrían más buses, pero era una buena manera de terminar el día...o eso era lo que creía yo. Eran de estos típicos buses de 2 pisos que están muy de moda para hacer este tipo de tours, el detalle era que hacía un calor inaguantable, pero de todas formas me fui arriba, tapada con toalla, cuello, gorro, lentes y una extra capa de bloqueador: logré sobrevivir. El bus pasada por varios lugares, en especial muchos hoteles "famosos" lo cual era un poco aburrido. Dentro de lo rescatable era la pasada por la plaza de la revolución donde hay dos rostros cada uno en en un costado de un edificio diferente que mira hacia la plaza. Estos rostros son de Fidel y de Chavez.
La verdad es que aunque hubiésemos tenido la oportunidad de bajarnos tampoco lo hubiésemos hecho, creo que la ruta planeada no es la mejor para conocer la ciudad, aunque si te lleva bien lejos.

Plaza de la revolución
Malecón

El regreso lo hicimos a pie, nos bajamos cerca del hostal y tuvimos la intensión de pasar a una feria de artesanía, pero por parar a tomarnos un helado en el café infanta, cuando llegamos al lugar ya se habían ido todos los puestos...muy triste.

El siguiente desafío fue encontrar un lugar  donde vendieran cervezas heladas y una torta. Las pastelerías de allá no son muy buenas, luego nos enteramos que las buenas tortas las hacían los particulares. Buscando una botillería abierta dimos con un cubano que estaba frente a una que ya estaba cerrando y no dejaba entrar a nadie. Entre ojito y ojito terminaron abriéndonos las puertas. Nos llevamos 10 cervezas bucaneros (original cubana) y una extra para el amigo de la calle. Se fue feliz, según nos dijo, no hay problema de tomar en las calles de cuba.


Llegamos a nuestros hostal donde estaba Michel y la cumpleañera: Sunamy. Abrimos las cervecitas y conversamos un buen rato. Estaban sus papas, su sobrina y su cuñada. Al rato sacaron una torta muuy rosada de biscocho con alguna mermelada parece (no pude distinguir bien) y cubierta por una gran capa de merengue rosado. Estaba muy buena, aunque no logré comerme todo el merengue.

Y bueno, nuestra noche no terminó ahí como pensaba yo. Al rato nos "arreglamos" (con lo que pudimos encontrar en nuestro bolso de viaje caribeño) y salimos los 5 a bailar a un lugar que se llama La Casa de Arte Cubano. Un concepto muy entretenido que nos encantó: arte, música y tragos. La entrada costaba 2cuc y te pasaban una tarjeta la cual iban marcando tu consumo. Buenísimo sistema porque ayuda con la agilidad en la barra. Habían 3 salas tocando diferente música, otra sala para comer, otra para los fumadores, otra par conversar y la terraza. Todas con muestras de arte diferentes o decoradas de alguna manera especial. Tenían guardias en diferentes lugares del espacio y recogían las latas y vasos usados a cada rato. Por ese lado impecable: un 7 en seguridad y limpieza. Los baños dejaban mucho que desear, muchos no tenían ni puertas, así que recomendable ir al baño en la casa. Los tragos costaban entre 2 y 3 cuc por lo general. Los hacían con mucho cariño.
La música que tocaban era tanto en vivo como de dj y era mayormente música internacional, no música cubana. De todas  maneras nos encantó el lugar, algo así debería haber el Chile. Y con esto terminó nuestra noche, ahora si que si, cerca de las 3.30am hasta que hicimos la cola para pagar y poder salir del lugar, tomamos un taxi a la casa y nos desplomamos en la cama. 

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