viernes, 4 de agosto de 2017

El bosque Kirindy


Salimos a las 7am para emprender nuestro camino de regreso. La vuelta parecía tener un camino menos malo, pero en la práctica estábamos volviendo por el mismo camino por el que llegamos.
Pasamos a comer al mismo restaurant de la ida: Mad Zebú. Esta vez me pedí un filete de Zebú con vegetales que estaba bastante bueno (18.000Ar). La única diferencia era que estábamos almorzando a las 11.30am.
Continuamos un par de kilómetros y llegamos al río Belo. Esta vez la logística para subir arriba del bote balsa resultó más fácil y no demoramos mucho en salir.

Seguimos un par de horas más, y a eso de las 15hrs estábamos en la reserva natural Kirindy, conocida por tener muchos Lemures. Pedimos una pieza ahí mismo en el eco lodge del parque y nos dieron un bungalow con baño (130.000Ar/noche/pieza). Lo más raro: sólo tenía una cortina para separar el baño de la pieza, no existía una puerta.


Decidimos tomar el tour nocturno que empezaba a las 6pm. Se debe pagar la entrada al parque que sale 35.000Ar por persona y el ticket es válido por 3 días y además un guía por 10.000Ar/pp para el tour de noche de 2hrs y de 20.000Ar/pp para el tour diurno.


Sola no te dejan pasear, sin embargo eran solo las 15:30hrs y el tour iba a empezar a las 18hrs. Conversando con la persona a cargo me dijo que no había problema que vaya sola siempre y cuando no me meta al bosque y siga la huella de los autos... a poco andar me di cuenta que el bosque no era muy tupido, es de más bien una vegetación algo seca, lejano a la imagen que tengo de un bosque chileno. Me metí por una huella que parecía tener uso humano, teniendo cuidado de poder seguir el camino de vuelta. Resultó que la huella daba un par de vueltas, pero terminaba en el camino vehicular nuevamente. Seguí caminando otro poco y casi piso una culebra, mi primer encuentro con fauna silvestre en este paseo solitario. Era una culebra pequeñita de unos 40cm de largo y no más de un dedo de ancho. Estuvo posando para mi un buen rato. Mientras le tomaba fotos empecé a escuchar algo que sonaba como unos chanchitos. ¡¿Chanchos?! Luego recordé el sonido que hacía el lemur de mascota que tenían en el hotel de Morondava, ¡Lemures! rápidamente me adentré en el bosque nuevamente y fui siguiendo el sonido. Los encontré, un grupo de 3 lemures. Les empecé a sacar fotos y de a poquito empezaron a acercarse a mi, me movía despacio y no me acercaba mucho a ellos. Poco a poco se seguían acercando a mi hasta que en un momento estaban los 3 en el suelo, sentado en ramas alrededor mío esperando que les tomara fotos. Estuve unos 30 minutos así, fue lo máximo. Con eso me di por pagada y emprendí mi retorno para estar a tiempo de tomar el tour nocturno.








La reserva cuenta con pocos guías que hablan inglés por lo que unieron 3 grupos. Antes de eso, cada uno tomo su auto y avanzamos por el bosque unos 5 minutos para ahorrarnos la caminata inicial y aprovechar más el tiempo buscando animales.
Si van, lleven una luz frontal o una buena luz de mano para aprovechar de ver bien los lemures. El guía lleva una buena linterna de todas maneras para indicar donde estaban los animales. Tuvimos la suerte de ver 3 tipos de lemures nocturnos, en particular el que más vimos fue el lemur ratón, un lemur chiquitito y que en su mayoría nos tocó verlo escondido en troncos y árboles secos. Quedamos muy contentos con el tour nocturno, que personalmente no le tenía mucha fe.


Volvimos al ecolodge, y camino al bungalow divisamos un Fosa, el mayor depredador de la isla. Es como la mezcla entre un gato y un lemur, es un gato un poco más grande de lo normal, con ojos y cola de Lemur. En la mañana siguiente pudimos encontrar 3 de estos buscando restos de comida en la basura.



El tour diurno también nos dejó muy contentos. Salimos a las 7am y poco pasado de las 9 ya estábamos de regreso. Logramos ver el Lemur blanco, Sifaka, así como también el lemur café, el mismo que había encontrado el día anterior. Los lemures blancos nos dieron un gran show, habremos visto unos 5 o 6, saltaban entre árboles como haciendo una trenza. Incluso logramos ver a uno que tenía a un lemur cachorro colgando de la guata. Muy entretenido.



Habiendo terminado con el recorrido, armamos nuestras mochilas y seguimos hacia Morondava. Tomamos un desvío para ir a ver el Baobab del amor, que es un Baobab siamés que pareciera que se están abrazando entre ellos. El pobre baobab está bien maltratado y rayado.

Seguimos nuestro camino e hicimos una breve parada para jugar con el dron cerca de los Baobabs y en la misma avenida de Baobabs lo repetimos. Tanto grandes y chicos estaban locos con el dron y querían que les tomáramos fotos. Les encantan las selfies.


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